Muchos de los que me conocen me acusan de ser un antiguo, un excéntrico o un amante de lo "rancio", sólo por el gusto de llevar la contraria. No descarto que en algunas ocasiones tengan razón. Sin embargo, en algunos casos - como el que me ocupa ahora - creo que pocos podrán discutirme que algunos temas musicales, con más de medio siglo de historia, conservan el brillo de las cosas bien hechas y del auténtico arte en comparación con los productos de consumo seriados de la actualidad.
Veamos si no este conocido ejemplo: Se trata de uno de los tangos clásicos más populares, "Cambalache", compuesto por Enrique Santos Discepolo e interpretado con maestría por estrellas de cuando el cine era en blanco y negro, como Carlos Gardel, entre otros, quienes llegaron a convertirlo en inmortal. Además de la pátina de desgarro y sabor agridulce que acompaña siempre al tango, esta pieza en particular posee la fuerza de la clarividencia, que supo retratar de manera certera y magistral la esencia de un siglo XX que no cambió en las décadas posteriores y que terminó por contagiar al siglo XXI, convirtiéndolo en otro "merengue" infame en el que debemos debatirnos a diario. La lectura atenta de la letra no puede más que asombrarnos por su aplastante sentido común y sus atinados diagnósticos, fiel reflejo de la actualidad a pesar de los años transcurridos. Así de repugnante es la condición humana, qué le vamos a hacer.
Les dejo una muestra del tango interpretado por otro galán de época, Julio Sosa. Aunque su versión difiere ligeramente de la letra, la esencia del tango permanece intacta.
| Julio Sosa - Cambalache | ||
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Que el mundo fue y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublés...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley...
